Italia acaba de ganar la Copa Davis. Aun sin Jannik Sinner y Lorenzo Musetti, nada menos que sus dos top ten, el equipo capitaneado por Filippo Volandri ratificó lo que ya es una constante de los últimos años: el poder y el dominio del tenis de ese país es notable. Sólo a las muestras del presente hay que remitirse: además de las tres Davis consecutivas obtenidas, tiene un bicampeón de Grand Slam y del Masters y ganador de otros tres títulos en la temporada, una top ten, dos medallas olímpicas en París 2024, el bicampeonato de la Copa Billie Jean King, ocho top 100 entre los hombres -y siete de ellos menores de 30 años- y hasta un top ten en juniors.

Hay mucha gente detrás de este éxito monumental. Hay mucho trabajo realizado. Pero hay una persona que es la base de la pirámide. Ese hombre es Angelo Binaghi y su conexión con Argentina y con el tenis argentino es innegable.
Binaghi es un ingeniero industrial que desde 2001 no sólo es el presidente de la Federación Italiana de Tenis y Padel, la entidad que tiene su sede en el majestuoso Foro Itálico donde se realizan los ATP 1000 y WTA 1000 de Roma, dos de los torneos de polvo de ladrillo más importantes para ambos circuitos. Binaghi, que en 1982 llegó al 16° lugar en el ranking italiano y no pasó de ser un muy buen jugador pero sólo a nivel nacional, en 1994 comenzó su carrera dirigencial en su club de Cagliari y hoy no hay nadie en Italia que no reconozca su dedicación y su esfuerzo en beneficio del tenis de su país. Un estratega al 100 por ciento con una amplia visión de futuro que hasta acertó con armar un canal de TV gratuito exclusivo de ese deporte.
Angelo Binaghi, presidente de la Federación Italiana de Tenis. (Foto: @federtennis)
Hoy la idea de Binaghi y de su equipo es que todos empujen para el mismo lado. Y si bien al principio de su gestión contrató extranjeros idóneos para diferentes áreas de su federación, en la actualidad todos los puestos clave son ocupados por italianos. Y son ellos los que sienten por su país un lugar de pertenencia. Entonces, por eso, Sinner se entrenó mucho tiempo con quien lo formó, Ricardo Piatti, y hoy sigue con Simone Vagnozzi, a quien también conoce de muy chico; Musetti y Matteo Arnaldi trabajan con Simone Tartarini y Alessandro Petrone, respectivamente; y hasta Matteo Berrettini, ex finalista de Wimbledon, estuvo mucho tiempo con Vincenzo Santopadre y hoy en su banco aparece Umberto Rianna. Sí: para los tenistas italianos no hay como los entrenadores italianos.
Pero la historia de Binaghi y la explosión del tenis de su país comenzó hace mucho tiempo cuando al sardo (nació en Cagliari hace 65 años) se le ocurrió nacionalizar jugadores extranjeros para que representaran a Italia. Y fue ahí cuando puso la mirada en Argentina y en los chicos argentinos con un cierto potencial que tuvieran pasaporte italiano o que contaran con la posibilidad de obtenerlo. Entonces contactó a Franco Squillari, el zurdo que en 2000 había sido semifinalista de Roland Garros y había llegado al umbral del top ten. Lo invitó a Río de Janeiro y allí se reunieron. “Enseguida me di cuenta que era un hombre de un caracter muy fuerte, de una gran personalidad, dispuesto a hacer lo que tuviera que hacer para conseguir lo que quisiera; iba al frente siempre”, recuerda Squillari.
Sin embargo, el plan de Binaghi tenía otro pata: generar muchos torneos a un muy bajo costo en las canchas de un hotel espectacular de Santa Margherita di Pula, al sur de Cerdeña y frente al mar, en un negocio que también llevó adelante el tenis turco en Antalya y que hace unos años se intentó realizar en la costa argentina pero todo terminó en un rotundo fracaso económico y deportivo. En cambio Binaghi terminó dándoles a los jugadores italianos y a aquellos argentino-italianos -a quienes les aseguraba wild cards- unas 30 semanas al año de competencia para mejorar el ranking. Y lo hicieron.
El próximo paso lo dio Binaghi cuando terminó contratando a Squillari y a Eduardo Infantino para entrenar a los mejores juveniles italianos en Buenos Aires, en el verano argentino. Ambos armaron una suerte de pretemporada de un mes de duración hasta que el plan empezó a hacerse aún más ambicioso. Tanto que Infantino terminó trabajando durante 12 años para los italianos y fue el responsable del Centro de Preparación Olímpica de Tirrenia, en la provincia de Pisa, un complejo de 43 hectáreas dirigido por el Comité Olímpico Nacional Italiano que fue la médula para el resurgimiento del tenis en ese país. Junto con Formia, Tirrenia actuó de base de operaciones desde donde se supervisaron los otros 19 centros regionales y el lugar al que los jugadores -de todas las categorías- debían regresar para realizar los distintos ensayos y testeos (técnicos, físicos y médicos).
Angelo Binaghi, Yasuhiro Yamada y Sam Strijckmans. Foto: EFE
“Al Centro Nacional venían, desde distintas partes del país, Musetti, Sinner, Berrettini… Todos. La federación controlaba técnicamente los calendarios, la preparación física, qué tipo de trabajo hacían. Los entrenadores privados, por ejemplo Piatti, que era el de Sinner, nos presentaban la programación y el trabajo seguía en conjunto”, explicó en algún momento Infantino.
“Binaghi habrá venido unas tres veces a Buenos Aires para ver cómo trabajábamos. El fue el motor del cambio del tenis italiano. Empezó con los viejos torneos futures, siguió con los challengers y terminó con más ATP y WTA en todo el país. Hizo de Roma el Masters 1000 más importante y, para mí, el quinto torneo del mundo después de los Grand Slams. E igualó a Estados Unidos y Francia en cantidad de torneos profesionales. Él la vio, apostó y ganó”, cuenta Squillari que reconoce, además, el calendario completo de competencia que va de enero a diciembre.
“Cuando ganás mucho debés trabajar aún más duro”, es la máxima que repite Binaghi. “La mayoría, como suele ocurrir en Italia, intenta destruirnos y buscarnos problemas pero tenemos la espalda ancha, somos duros y testarudos. Seguimos adelante sin mirar atrás y sin observar a quienes nos desean el mal”, completó quien tiene una meta para los próximos años. “Queremos superar al fútbol en niveles de audiencia”, disparó con el rostro adusto y convencido. ¿Podrá el tenis italiano superar al fútbol cuádruple campeón del mundo y dueño de una de las ligas económicamente más poderosas del planeta? Nadie se animó a contradecirlo por ahora.
En una de las primeras visitas de Binaghi a nuestro país fue al club Ciudad, donde se entrenaban los hermanos Francisco y Juan Manuel Cerúndolo en la academia de su padre Alejandro. Los vio y quedó encantado. Con ellos y con el método de entrenamiento. De ahí se llevó información y también “mano de obra” que replicó en Italia. Y que mantiene con equipos de trabajo que permanecen inalterables. Porque lo que funciona no se toca. O, a lo sumo, se le pueden agregar detalles para mejorarlo. Así lo hizo Italia. Mal no le va.
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