Javier Milei se presenta como un tecno-optimista convencido, a quien considera la difusión y aceleración de la tecnología una “obligación moral”. Este enfoque, que remite a los valores de la Ilustración y la Revolución Industrial, basa su fe en la ciencia y la innovación como motores del progreso. En su expresión contemporánea, vinculada a Silicon Valley, esta visión sostiene que la tecnología es la fuente inagotable de crecimiento y que incluso resolverá los problemas que genera, como expuso en 2023 el inversor y experto en software Marc Andreessen.

El debate global más relevante actual gira en torno a la carrera por la Inteligencia Artificial (IA), posiblemente la transformación más profunda en la historia humana. Este escenario tecnológico está dominado por Estados Unidos y China, principales generadores de modelos de IA, seguidos por países que intentan posicionarse dentro de la cadena de suministro vinculada a esta tecnología.
En un movimiento inusual, líderes de las principales empresas del sector —Anthropic, OpenAI, xAI, Google DeepMind— han pedido mayores controles sobre sus desarrollos, alertando sobre el “riesgo existencial” que implicaría que las máquinas actúen en contra de sus creadores. La propuesta varía entre quienes piden una pausa en el avance y quienes abogan por una supervisión más estricta. En contraste, Donald Trump descartó cualquier restricción, y Milei, aunque aún no logra captar inversiones significativas en el sector, ya expuso su postura.
A través del embajador en Washington, Alec Oxenford, el funcionario más vinculado a estos temas, Milei sostuvo el martes pasado que la inteligencia artificial representa “una oportunidad extraordinaria para impulsar la productividad, acelerar etapas de desarrollo y promover la convergencia de Argentina con las economías más avanzadas”. El lunes próximo, Oxenford participará en un encuentro con Meta en Nueva York, en el marco previo a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Así, Milei no solo es un optimista tecnológico sino también un “aceleracionista”, postura que divide opiniones entre quienes prefieren regular el avance para evitar riesgos y quienes proponen eliminar trabas para acelerar su desarrollo.
Sin embargo, el proyecto libertario que Milei impulsa aún no se ha traducido en inversiones significativas en el área de la IA. Esta discrepancia entre discurso y resultados plantea interrogantes sobre las causas.
Una razón fundamental es la estructura global del negocio. La creación y diseño del software están dominados por Estados Unidos, con China como competidor cercano. En la fabricación de chips avanzados, clave para la IA, Taiwán concentra el 90% del mercado mundial. La posible inserción de Argentina en esta cadena está limitada a la provisión de infraestructura física: energía, minerales críticos, territorio y centros de datos para generar capacidad de cómputo.
En este segmento, los principales competidores regionales en América Latina son Brasil y Chile. Brasil es el actor principal, con una posición consolidada desde hace más de una década, y concentra el 38% de los centros de datos de la región, según Latinometrics. Amazon Web Services opera desde 2011 en el país, con anuncios de inversión superiores a los 5.600 millones de dólares. Además, ByteDance, propietaria de TikTok, construye allí su mayor centro de datos fuera de China. Como incentivo, el gobierno de Lula da Silva promulgó recientemente el “Redata”, un régimen especial que otorga beneficios fiscales a estos proyectos.
Chile ocupa el segundo lugar en la región en centros de datos, mientras que Uruguay, aunque con menor presencia, logró atraer a Google para instalar un centro de datos cuya finalización se espera para fines de 2026. Esto refleja que Milei aspira a liderar un mercado donde los países vecinos ya cuentan con operaciones consolidadas y en expansión.
Un artículo de Leila Miller en Reuters sobre el interés que genera particularmente la Patagonia señala que, hasta que no se despejen las incertidumbres, es poco probable que los inversores estén dispuestos a enfrentar riesgos. Esta situación pone en evidencia las dificultades que enfrenta un gobierno que ha mostrado una actitud favorable hacia la creación de un polo digital. Como muestra de esa política, Peter Thiel, cofundador de Palantir, estableció su base en Buenos Aires para observar el desarrollo del experimento libertario.
Entre los cuestionamientos de los empresarios para definir inversiones sobresale la estabilidad política: la reelección de Milei o su posible sucesor aparece como una variable clave. También esperan la aprobación del Super RIGI, un esquema con atractivos incentivos fiscales.
A esta incertidumbre externa se suma la escasa intensidad del sector local. YPF analiza incorporarse al negocio de los centros de datos utilizando el gas excedente de Vaca Muerta, aunque esta iniciativa se encuentra en fase experimental y prolongaría los plazos. Pampa Energía generó cierta confusión recientemente al confirmar que trabajaba en un proyecto piloto solicitado por un cliente extranjero, aunque aclaró que solo actúa como proveedor de energía y que no existe un acuerdo definitivo.
Hace un año, antes de las elecciones legislativas, Milei anunció con gran expectativa el desembarco de OpenAI en asociación con Sur Energy, pero el plan no se desarrolló según lo previsto.
A pesar de las dificultades, el presidente insiste en posicionar a Argentina como un paraíso tecnológico. Rechaza cualquier tipo de regulación y busca consolidar el anclaje geopolítico del país. En ese sentido, firmó la adhesión a Pax Sílica, junto a otros 24 países, una iniciativa impulsada por Donald Trump para crear una red de socios de confianza en la cadena de suministro y disminuir la dependencia estratégica de China. Argentina aporta recursos energéticos a este esquema.
No obstante, la adhesión no garantiza inversiones ni financ
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