Con un golazo de Driussi, un cabezazo de Martínez Quarta y una mejor versión, el Millonario le ganó 2-0 a Gimnasia y buscará la final ante Rosario Central en el Monumental.

Oh, que se queden todos… ¿Quién se va a querer ir estando a dos pasos de un trofeo? Esta vez no hubo grito de guerra en el Monumental, como en ese punto de ebullición extremo que apagó Juanfer Quintero ante San Lorenzo. Después del 2-0 a Gimnasia, los hinchas se fueron de Núñez más tranquilos y con ilusión. Es verdad que River sigue sin fluir desde el juego, que genera algunos murmullos y que Santiago Beltrán, a pesar de la inédita presión de tener a Franco Armani en el banco, volvió a ser clave. Pero en los mata-mata, al fin y al cabo, lo que importa es ganar. Y el equipo de Eduardo Coudet volvió a imponerse, ahora ante un rival duro, que llevaba siete victorias al hilo y cinco encuentros sin recibir goles, y ya está en semifinales del Apertura, otro paso clave rumbo a un ansiado título que sin el resto de los grandes ya lo tiene como candidato.
Después de 120’ extenuantes y de la carga emocional de los penales, salvo el retoque sorpresivo de Santiago Lencina desde el arranque y el cambio de último momento por una molestia muscular de Gonzalo Montiel, River salió con la misma base. Le costó destrabar a un Lobo ordenado, que desde la llegada del Pata Pereyra juega con un 4-3-1-2 clásico, y aun inconexo en el medio porque el joven correntino no pesó y enganchó de a chispazos con Fausto Vera y Tomás Galván, los delanteros hicieron match y armaron un golazo: el mismo Facundo Colidio que fue silbado en la previa y salió aplaudido en el segundo tiempo desbordó con sombrero incluido y Sebastián Driussi, desaparecido ante San Lorenzo, tuvo una y la mandó a guardar con un zurdazo letal.
Cuando Gimnasia vio la pelota en el fondo de su arco tras 516’ se le desmoronó el castillo. Steimbach sufrió los picantes desbordes de Colidio, Nacho Fernández y Nico Barros Schelotto no pesaron y River, sin sus dos laterales titulares por la salida prematura de Marcos Acuña (también con molestias), mantuvo el orden y usó la ventaja a su favor.
Con el 1-0 tuvo que aparecer Beltrán para volar luego de un cabezazo de Conti y volvió a conservar el cero al final, aunque esta vez no hubo sufrimiento. Porque sin Kendry Páez ni Ian Subiabre en el banco, otra vez Joaquín Freitas le demostró al Chacho que puede pelear por la titularidad. Después de una ejecución deluxe en la tanda de penales vs. Ciclón, una muestra de su personalidad, entró enchufado y le puso la pelota en la cabeza a Martínez Quarta para que el defensor corone con gol y su patriada al arco del Lobo.
En días donde el calendario no da respiro, ese gol le dio a Coudet la chance de cuidar. Intenso, protagonista de un cruce con Nacho y disgustado en medio de los reproches de la gente cuando el equipo no era vertical con campo libre, Quintero y Meza Jr. le dieron frescura al medio y hasta el Chacho pudo sacar a Bustos, amonestado, para el ingreso de un Ulises Giménez que pasó de no concentrar a terminar jugando.
River no termina de convencer, deja algunas dudas, empieza a sentir el trajín y pesar de todo la estadística es clara: está a dos juegos de coronar. Ahora se le viene el Central de Di María, otra batalla en Núñez para que se queden todos…
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