En el partido de ida por cuartos de la Libertadores River perdió esta noche en Buenos Aires con Mineiro. La serie sigue abierta

Estaba embrujada la noche del Monumental, nomás. Gallardo tenía razón: en los partidos importantes River reacciona, es otro equipo. Es el equipo. El que se recordará siempre, el que va al frente contra el que sea, el que tiene una idea que nunca abandona, el que raspa, que te come el hígado. El que, al mismo tiempo, nunca le pudo ganar en el Monumental a un equipo brasileño en estos siete años y monedas. Anoche mereció hacerlo. O por lo menos no mereció perder. 

 

Pero cuando la cosa está torcida ya sabemos lo que sucede: el arquero rival, por empezar, siempre es figura. El que sea. Esta vez, Éverson. El arquero de Atlético Mineiro tapó todo lo que le tiraron, especialmente en un primer tiempo en el que River no pudo sacar una diferencia que habría sido justa: el sablazo que pedía ángulo de Angileri y el mano a mano cruzado de Julián Álvarez podrán estar en el compilado de YouTube que sus representantes ofrecerán a los clubes que quieran comprarlo.

En ese primer tiempo River creó las mejores situaciones de gol, con Angileri imparable por izquierda, con Casco que por un rato pareció Montiel, un Julián Álvarez decisivo, Romero peligroso, con los centrales bien plantados. Pero, se dijo, la cosa estaba torcida. Tanto que el gol, a los 13 del ST del equipo brasileño lo hizo un tal Nacho Fernández.

Ver a Fernández en el equipo de enfrente, una especie de PSG sudamericano que ahora también tendrá a Diego Costa, evidencia de la manera más cruda el contexto económico que sufren River y el fútbol argentino en general. La determinación de NF26 para patear seco a la red fue la que nunca tuvo Carrascal, el que anoche de alguna manera jugó por él.

Tampoco pesó en ese sentido Paradela, un Nacho -por ahora- versión 2016. A partir del gol del capitán rival, el CARP se terminó de desinflar y el zurdo de Dudignac empezó a manejar los tiempos del partido en todo sentido, incluso con el árbitro, hasta que vio la roja -vía VAR- por un tremendo planchazo a Angileri.

Y River fue cayendo en su propia nebulosa para estirar una racha tremenda: en llaves de Copa Libertadores, en cinco partidos de ida contra equipos brasileños perdió cuatro partidos, empató uno, no hizo goles y le hicieron seis. Una imagen repetida. Tanto como la que se vendrá: tendrá que ir a buscar la épica a Brasil, como casi siempre, esta vez sin Enzo Pérez. Y sin Nacho. La gente deberá creer una vez más.

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