Los Pumas y el rugby como elementos simbólicos de las clases dominantes en la Argentina

Por Ricardo Goñi  (Colaboración exclusiva para noticiasinanestesia.com.ar)

(Secretario de Investigación y Posgrado de la Facultad de Ciencias de la Gestión – UADER)

Se avecinan tiempos difíciles: la Argentina de 2021 no será la misma que la de antes de la pandemia. Para quien decida apagar por un rato la tele y tratar de comprender la magnitud de la crisis actual y sus probables secuelas (sociales y económicas), podrá apreciar que la puja política actual (que no es sino parte de la puja distributiva) preanuncia una de las fases quizás más virulentas de la historia argentina contemporánea: hablando mal y pronto, ahora se viene el rocanrol. Las señales que ha dado la derecha neoliberal conservadora durante la pandemia dan cuenta de ello: presiones a favor de una nueva devaluación de la moneda nacional, o en contra de la cuarentena y la vacuna, a lo que hay que sumarle, como si fuera poco, la defensa de los elementos simbólicos de las clases dominantes: la libertad individual y los valores de la “masculinidad” y la xenofobia de los Pumas.

 No es ocioso –aunque pueda parecer inverosímil- comenzar esta nota señalando que el “desarrollo sustentable” es un término vacío de contenido, más precisamente un mito, reconociendo, sin embargo, que el epíteto “sustentable” ha sido el calificativo más “leal” y duradero que ha acompañado al vocablo “desarrollo” (antes también lo fueron “social”, “integral”, “endógeno”, “humano”, entre otros). Un mito promovido desde hace más de treinta años por la ONU que, en realidad, fue convenientemente utilizado  para disimular el horror del fracaso del “desarrollo”, a secas, y para subsidiar la charlatanería de un sector de la academia. No es ocioso, entonces, porque a partir de lo antedicho también se quiere decir –como se verá a continuación, relacionado con el objeto de este artículo- que no se adhiere a la lógica binaria del “sustentabilismo” en boga: sustentable o insustentable; sostenible o insostenible (términos ambiguos, a los que cada cual les da sus propios significados y alcances). Relacionado con lo anterior, tampoco se adhiere a la lógica binaria, reduccionista y colosalmente maniquea del ecologismo: Naturaleza o fin de la biodiversidad, eugenesia (“buen nacimiento”) o mestizaje, equilibrio ecológico o catástrofe, energías alternativas o Apocalipsis climático, biocentrismo o antropocentrismo, bucolismo o urbanismo, vida o muerte, salud o enfermedad… Sin embargo, a veces es necesario acudir a la lógica del pensamiento binario, forzando deliberadamente –aun hasta el paroxismo- algunos enunciados antagónicos, de manera tal que permitan visibilizar la matriz ideológica de fondo –frecuentemente soslayada- que atraviesa el problema. Eso es lo que se hace aquí: plantear una tendenciosa dicotomía: “rugby o fútbol”, consciente de que no se trata de una dicotomía válida. Es fácil imaginar de antemano hacia dónde se apunta: a la matriz machista que signa al rugby. Y aunque quizás no se diferencie demasiado del fútbol en este aspecto, el rugby es un pretexto magnífico para pensar las clases dominantes desde otros elementos que también lo signan: la xenofobia y la discriminación racial y de clase.

Antes de ir al meollo de la cuestión, vayan dos acotaciones: la primera es que, de acuerdo a J. Pierre Hiernaux (2009), la invocación de lo “binario” puede ser desglosada en tres niveles: (a) el de los principios semánticos constitutivos del sentido (nivel semántico), asociado a la posibilidad de encontrar instrumentos de descripción; (b) el de la construcción de dicotomías con fines de teorización, problematización o conceptualización, y (c) el de la observación de fenómenos concretos más o menos “binarizados” de la vida cotidiana, como las divisiones políticas en términos de izquierda o de derecha, las socio-espaciales en términos de rural o de urbano, entre otras [1]. Es en este último nivel en el que queda comprendida la mención de lo “binario” en esta nota. La segunda es que la categoría de “clases sociales” aquí se utiliza básicamente –aunque no únicamente-  en función de la persistencia de las desigualdades sociales con respecto a la distribución de la riqueza, con los múltiples sentidos que ella puedan adquirir en un continente colonial como América Latina, con experiencias históricas-políticas y culturales que difieren abismalmente del contexto en que Karl Marx elaboró la idea de clases sociales. En consecuencia, no se alude a ninguna corriente en particular del pensamiento marxista, no obstante la sabida procedencia de tal categoría.

Retomando el hilo de la nota, se decía que a veces es necesario apelar al binario. Por ejemplo, no está nada mal recurrir a la dicotomía “hombre abusadormujer abusada” si ello sirve para poner en negro sobre blanco la siguiente cuestión: son hombres (masculinos) los abusadores y mujeres las abusadas, y no viceversa. Del mismo modo, son femicidios los que se registran cotidianamente, no homicidios “pasionales”. Claro que hay excepciones, como la del gobernador electo de Río Negro, Carlos Soria, asesinado por su esposa el 1 de enero de 2012. En el mismo sentido, hay excepciones para la dicotomía “rugby o fútbol”, para ambos componentes: no todos los rugbiers provienen de las clases dominantes, del mismo modo que no todos los futbolistas son de extracción popular. Y algo más: hay futbolistas de origen humilde, como Carlos Tévez, que le gusta coquetear con los ricos, incluso hasta le gusta jugar al golf. Pero las excepciones no valen, en particular porque se las suele utilizar como regla.

Dice Horacio Verbitsky que la regla de la excepción puede aplicarse con provecho en distintas situaciones: Fernando de la Rúa es un estadista de la capacidad de Winston Churchill, con la diferencia de que su gobierno sólo duró dos años (…) Mauricio Macri tiene la misma profundidad de pensamiento de Jorge Luis Borges, con la diferencia de que no escribe (…) La seducción de Mirtha Legrand hace pensar en la de Angelina Jolie, salvo la edad” [2]. En los años ’60 Palito Ortega fue el paradigma del mensaje desarrollista: “el éxito es posible”, parábola que condujo a miles de “changuitos cañeros” a radicarse en villas miserias porteñas o del conurbano, condenados a vivir en la indigencia. Para este caso la regla de la excepción podría ser la siguiente: el éxito es posible para todos los changuitos cañeros, excepto para aquellos que no integraron el “Club del Clan” de principios de los ‘60.

 A diferencia de los futbolistas, los “caballeros” del rugby tienen una forma particularmente elitista de ser y actuar, así como de autopercibir su distinguida posición dentro de la sociedad. Se trata de un deporte relacionado con el poder y con su cosmovisión patriarcal y machista. “Me sentí macho. Eso es lo que necesito”, decía el rugbier con melancolía. Su novia lo había “dejado” y había estado deprimido. Hasta que una noche se “levantó” una mina, después de que ella lo mirara, ponderara y sedujera explícitamente. Entonces volvió a “sentirse macho”. Este relato llevó a Juan Branz a escribir un formidable libro, Machos de verdad. Masculinidades, deportes y clase en Argentina, en donde el autor trata de comprender la idea de masculinidad en el ámbito del rugby, y de qué manera esa construcción se va forjando sobre la base de una diferenciación: con otras clases, con otros géneros, con otros no-machos [3]. No obstante, como señala Branz, no hay que olvidar que, si bien el rugby argentino se quiere distanciar del fútbol, ya que lo considera un deporte de “negros”, en el tema del machismo, quizás éste no esté tan lejos de aquel. Son los dos deportes más significativos en la construcción de la masculinidad en Argentina, aunque el fútbol, quizás, esté comenzando a diferenciarse.

Luego del no-homenaje de los Pumas a Diego, y de darse a conocer antiguos mensajes racistas y xenófobos de algunos de sus jugadores, vino la reacción del PRO: tras la sanción que recibieron algunos de los hercúleos de la pelota ovalada (sanción que 48 horas después fue dejada sin efecto por la UAR, probablemente por lobbies de jugadores, ex jugadores y dirigentes del “mundo rugby”), la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, aseguró que los deportistas fueron víctimas “del vamos por todo”, expresión utilizada por Cristina en unos de sus discursos, antes de dejar la presidencia en 2014. “Siento que fueron víctimas de una persecución violenta, a destiempo, sólo porque hubo un sector que consideró que el homenaje a Maradona había sido pobre: los Pumas fueron víctimas del ‘vamos por todo’, los usaron como ejemplos del mal; tratando de profundizar la división de los argentinos a través de un concepto clasista, con conceptos del siglo XIX”, señaló Bullrich [4]. Por su parte, Mauricio Macri había publicado cinco años atrás que los Pumas “representan los valores que queremos”, un twit que pasó desapercibido, pero que volvió a instalarse tras el escándalo reciente. ¿Se habrá querido referir a los valores implícitos en este mensaje?: “Linda mañana pa salir en el coche a pisar negros”; ¿O quizás a los de este otro?: “El odio a los bolivianos, paraguayos, etc.nace de esa mucama a la que una vez se le cayó un pelo en tu comida[5]. Vaya a saber…

Aunque parezca una obviedad, no es lo mismo escribir una nota o pensar el mundo desde el buffet de la Escuela Argentina de Equitación (corazón geopolítico de la zona Norte de la ciudad de Buenos Aires) durante los ‘90 –en el apogeo del “fin de la historia” y las “relaciones carnales”- que hacerlo desde la cantina de un humilde club de barrio contemporáneo de los suburbios de Avellaneda. Nada es igual, y sin embargo hay un elemento común –la Historia- que enmarca las vidas y las relaciones de las personas (de aquí y allá, de ahora y entonces), dándole una cierta coherencia a esas realidades distintas, aparentemente inconexas. Pues bien, esta nota se escribe desde la ciudad de Paraná, en un tiempo que quizás sea recordado como el de la fase inicial del fin de la pandemia y, quizás también, como el de la embestida de la derecha neoliberal conservadora, que ha ganado la calle (un fenómeno que seguramente solo durará un rato, pero que no deja de ser sorprendente) favorecida por el viento de cola de la pandemia. Todo parece indicar que se avecinan tiempos difíciles y que, tal vez, ha llegado la hora de pisar a fondo el acelerador de una política nacional y popular en serio, metiendo la mano donde haya que meterla y haciendo lo que haya que hacer. Algunos dicen que “hay que comerse al caníbal”, metáfora que causa mucha incomodidad, pero que después de escuchar las declaraciones de Patricia Bullrich produce cierta tentación. Según los defensores de ese enunciado, recurriendo a otra metáfora (la futbolera, que nunca falta), “se nos exige el fair play, pero ellos nos juegan con la cancha inclinada a su favor, con árbitros puestos por ellos, con un jugador de más y con una tribuna que nos escupe y cascotea incansablemente”. Lo cierto es que, más allá de las metáforas, no es hora de pavotes ni de energúmenos, de malentretenidos ni charlatanes de feria. Es hora de pensar y actuar inteligentemente a favor de un futuro posible, reconociendo que el pensamiento binario no es aconsejable en ninguna circunstancia, habida cuenta de que siempre habrá terceras o cuartas opciones igualmente atendibles y válidas.

[1] Hiernaux, J. P., 2009. El pensamiento binario. Aspectos semánticos, teóricos y empíricos”, Cultura y Representaciones Sociales, vol.3, Nº 6, México.

[2] https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-118940-2009-01-27.html

[3] Dranz, J., 2018. Machos de verdad. Masculinidades, deporte y clase en Argentina. Editorial Mascaró, La Plata.

[4] https://www.clarin.com/politica/patricia-bullrich-defendio-pumas-criticados-tuits-racistas-victimas-vamos-_0_uxhsu3Tbg.html

[5] https://infocielo.com/pumas/el-dia-que-macri-puso-como-ejemplo-nacional-los-n700271

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